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Motivar a nuestros hijos para que hagan deporte.

Nuestros hijos van creciendo, cuando eran pequeños vivían la práctica de actividades físicas y deportivas como un juego, cuando llegan a la adolescencia pierden interés por jugar y aparecen otras alternativas para su tiempo libre.

Dejan de ver el deporte como un juego y quizás se planteen metas poco realistas y quieran ganar siempre, cuando perciben que difícilmente conseguirán las metas que se proponen, la actividad deja de tener sentido.

Nosotros como padres podemos ayudar a que sigan practicando actividades físicas, tenemos que enseñarles que practicar deporte es una forma de disfrutar, encontrarse bien, ocupar el tiempo libre, hacer nuevas amistades y mejorar la salud. Tenemos que enseñarles que no siempre se puede ganar, pero que es importante ser personas activas.

Nuestros hijos crecen y la exigencia escolar aumenta. Además, en la adolescencia, quieren disponer de tiempo para estar con sus amigos y comienzan las relaciones entre chicos y chicas.

Cuando son adolescentes encuentran nuevas formas de ocupar el tiempo libre, que antes no les interesaban, pero ahora despiertan su interés y muchas de esas alternativas son sedentarias.

imagen motivar con patin para web

Los padres podemos ayudarles a organizar su horario, porque muchas veces no es una falta real de tiempo, sino una falta de organización. Debemos implicarnos en lo que hacen en su tiempo libre, aunque nos parezcan mayores. Hay que ayudarles a encontrar tiempo para seguir practicando alguna actividad física. Los amigos cada vez tienen más influencia y lo que hagan en su tiempo libre dependerá de lo que haga su grupo de amigos, pero si están acostumbrados a un estilo de vida sano, no les costará trabajo seguir practicando deporte o alguna actividad física.

Si somos activos, somos sin duda un excelente modelo de referencia a imitar. Si no somos activos demostremos que nos importa que lo sean.

Los padres siempre podemos recordarles que la actividad física es necesaria para la salud y además mejora el rendimiento intelectual.

Aquí los padres y madres jugamos un papel importante, aunque pensemos que no nos hacen caso, nuestros hijos valoran nuestra opinión.